Tú no estás para saberlo pero yo todos los años, desde hace 30, pongo una ofrenda de muertos.
Empezó siendo algo muy chiquito para que mis hijas conocieran a mi hermano, aunque fuera a través de la ofrenda y cada vez se ha ido haciendo más y más grande.
Va creciendo, no sólo por todas las artesanías hermosas, que voy juntando de toda la República, sino porque cada vez tengo más y más muertos.
Sólo en estos diez meses, tuve dos pérdidas enormes, mi mamá y después mi suegra.
Esto ha hecho que a mi vetustísima edad, ayer cumplí 56 años, pueda entender que la ofrenda más grande que le podemos hacer a nuestros adorados muertos es vivir.
Vivir intensa y plenamente, pero no sólo los momentos alegres, porque la vida no es sólo alegría. También los momentos duros, también las tristezas, las angustias, los miedos, los enojos, las frustraciones y los dolores.
El órgano más grande que tenemos en el cuerpo es la piel y sirve para sentir.
Sentir las lágrimas en las pérdidas, los abrazos en los cumpleaños, el sol en el verano y la satisfacción de los chiles en nogada en una barriga llena con corazón contento
Vivirlo todo. Dejarte sentir, porque justo a eso venimos.
Si tú, como yo, tienes muertos muy amados, dales la mejor ofrenda.
¡VIVE!
Luz y bendiciones,
Elena Santos