Como ya te habrás dado cuenta, he pasado una temporada un poco ruda.
En otro momento, tal vez habría hecho un bypass espiritual y me habría brincado lo que siento para ir directo a la luz, a la paz y al amor del espíritu.
O me habría dejado sentir llena de remordimiento y de culpa por no poder regresar al centro.
Peeeeeeeero a través del taller de miedo he aprendido que todas las emociones necesitan ser sentidas, porque son mensajeros que vienen a informarnos de algo que está pasando dentro de nosotros y que necesita atención.
Por lo tanto, hay que escucharlas.
Y a veces es necesario y muuuuuuy importante quejarse, irse al dolor, dejarse caer, hacer berrinche, ser víctima y soltar toda la enseñanza espiritual.
Para poder regresar desahogada, ligera, con más conciencia y con mucha más luz a la realidad que estamos viviendo.
Porque si no siento aquello que está en mi, si no me dejo atravesarlo, lo estoy barriendo debajo del tapete.
Estoy atorando toda esa energía y tarde o temprano va a salir y muchas veces de forma naaaada agradable.
Así que, a veces quejarte, patalear y chillar es tu mejor opción, es amar tu parte humana.
Sólo recuerda que, todo con medida, porque también eres un Ser de paz, de luz y de amor.
Bendiciones miles,
Elena Santos
