Hace 39 años era una persona completamente diferente a la que soy hoy.
Hace 39 años, jamás hubiera pensado hacer lo que hago.
Hace 39 años, mi vida se derrumbó, porque mi único hermano se murió y eso creó un parteaguas gigantesco en mi.
Un giro de 180 grados que me dejo a cargo de unos padres completamente rotos a mis 17 años.
Mi mamá en medio de su enorme dolor se preguntaba:
-¿Por qué, por qué, si nosotros somos buenos, si no le hacemos daño a nadie, si no lastimamos a los demás, nos pasa esto?-
Y su pregunta no tenía, ni tiene respuesta.
Una vida después, puedo ver como las cosas pasan y somos nosotros los que, con nuestra actitud ante ellas, definimos, en su tiempo justo, si se convierten en algo bueno o no.
Porque, las cosas malas, cuando tienen una respuesta de amor, de luz, de compasión, se pueden convertir en lo peor mejor que te pase jamás.
Por eso hoy quiero celebrar los 19 años de vida de mi hermano, pero también quiero celebrar sus 39 años de muerto.
Porque gracias a su muerte, se me rompió el corazón y a través de la herida, a través de esa ruptura pudo entrar la luz, pudo entrar la paz y pudo entrar el amor de Dios en mi.
Y eso, me ha convertido en la persona que soy. Eso, es lo que me permite expandir ese amor contigo y con tanta gente con la que he compartido camino en estos muchos años de vida profesional.
Gracias infinitas por esa enorme herida por la cual entra la luz, la empatía, el amor y la humildad.
Bendiciones muchas,
Elena Santos
