Desde fines de diciembre hasta hoy, he pasado de los días más complicados de mi vida.
Problemas de todo tipo y para terminar, mientras estoy escribiendo, estoy esperando que el cuerpo de mi papá suelte y pueda descansar.
Como ves ha sido un fin de año muy difícil y con absolutamente nada que celebrar.
Por eso, en esta primera semana de enero quiero compartir contigo este escrito que me encontré en las redes y que describe esos momentos en los que no hay mucho que celebrar al cerrar el año.
Espero que si tú como yo estás pasando momentos difíciles encuentres consuelo en simplemente sobrevivir.
Me digo a mí y te digo a ti, todo pasa.
Que tengas un buen año,
Luz para todos,
Cerrar el año no siempre es celebrar. A veces es respirar hondo y aceptar que no todo salió como lo soñabas.
Que hubo decisiones que dolieron, personas que se fueron sin explicación y planes que nunca llegaron a ser.
Y aun así, seguiste. Con miedo, con cansancio, con dudas que pesaban más que las certezas. Seguiste cuando lo fácil habría sido rendirse, cuando el corazón pedía pausa y la vida seguía empujando.
Cerrar el año también es mirar hacia adentro y reconocer cuánto creciste sin notarlo. Todo lo que aprendiste a soltar, lo que dejaste de justificar, lo que ya no estás dispuesta a cargar aunque antes lo hicieras por amor o costumbre.
No es poco. Es evolución. Es entender que sobrevivir también cuenta, sobre todo cuando el alma estuvo cansada y nadie vio la lucha.
Que este cierre no sea un adiós triste, sino un gracias honesto. Gracias por lo vivido, por lo aprendido, por lo que terminó y por lo que todavía duele un poco.
El año se va, pero tú sigues aquí. Más consciente, más fuerte y un paso más cerca de la vida que quieres construir.
Créditos a quien corresponda.
Elena Santos
